
Alguna vez los jueces eran los que decidían las cosas. Ellos eran los que interpretaban las leyes y decidían quiénes tenían la razón en el caso de un conflicto. Lamentablemente en algún momento perdieron el rumbo y si bien hace 50 años ser juez era motivo de status y de prestigio, estoy seguro que muchos de nosotros si nos enterásemos que una hija nuestra está yendo al cine con un chico de buena familia, pero que es juez, no sé ustedes, pero yo ese día le pongo un chorrito de cloroformo en su sopa y la encierro en el sótano hasta el día siguiente. Y cuando llegue el juececito a recogerla le diría que se fue a bailar con un teniente de la Marina, que encima es miembro de las FOE, por si el juez no se va de inmediato. Todo esto mientras un primo ya intervino sus cuentas bancarias por si no entiende el mensaje.
El sistema nacional de administración de justicia en este país da pena y le genera inmensos costos a la economía. Pero además, como lo comenta el amigo Morsa en el comentario a este Comentario Diario del IPE sobre la lamentable intervención del Tribunal Constitucional en la política comercial del país, se suponía que las leyes estaban al servicio de la sociedad. Sí, pues. Se suponía que las leyes se introdujeron al mundo para ordenar las cosas y para que no reine el caos. Pero en el momento en el cual la gente y el mercado se tiene que adaptar a decisiones iluminadas de un tribunal de ancianos que norma sobre algo que no sabe, estamos en problemas.
Oh, por supuesto que tienen potestad para hacerlo. Ahí está precisamente el problema. Pueden intervenir si quieren, eso a nadie le queda duda. El Tribunal Constitucional decide aplicar el Principio de la Igualdad Ante la Ley para bajarse la decisión del Ejecutivo de reducir el arancel a la importación de dos productos relacionados al cemento. ¿Por qué? Porque puede. Period. No importan las consecuencias o lo gracioso de la situación, las implicancias empresariales, etc, etc.
Es decir, se introduce una demanda al Tribunal Constitucional y luego bla, bla, bla y por principio de igualdad ante la ley se halla que haberle quitado ese arancel a esos dos productos generan una situación en la cual se está discriminando a la producción nacional de cemento, por lo que hay que restituir el arancel del 12%. He dicho.
Ahora, a diferencia del amigo Ricardo Lago, no creo que esta decisión del Tribunal Constitucional genere que el precio del cemento en general en el país se incremente. El porcentaje del cemento importado es ridículo en comparación al porcentaje de lo producido en el Perú. Aquí un gráfico para ilustrar esta situación y para callar a los que piden y piden que vuelva a hacer gráficos en este blog.
No, ése no es el punto. El punto es que el principio que aplica el Tribunal Constitucional para restituir el arancel a estas dos partidas arancelarias se puede aplicar a absolutamente TODAS las decisiones de política comercial del Perú. Todas. Todas y cada una de ellas.
Y como en el Perú abundan los industriales que prefieren hacer lobby a hacer sus empresas más competitivas, nos fundimos. Porque ahora un empresario nacional de la onda antigua proteccionista se va a comenzar a mover para meterse al bolsillo metafóricamente hablando a apenas cuatro miembros del Tribunal Constitucional. Nada más, eso es todo. Cuatro es todo lo que necesitas. Y con eso se comenzarán a revocar reducciones arancelarias, acuerdos de colaboración comercial, etc, etc.
Eso es lo que la lógica dice que va a pasar. Y la teoría económica también, dicho sea de paso. Pero por supuesto que los amigos leguleyeros de inmediato dicen que no, por supuesto que no. Que se intervino porque se podía intervenir, que la ley es así y punto. Y que no se preocupen.
Pero sí hay que preocuparse. La Cámara de Comercio de Lima ya dio partida a la carrera. Y ahora, gracias al brillante antecedente dejado por estos cuatro iluminados, se ha abierto una olla de grillos. Mal, mal, mal, señores del Tribunal Constitucional. Eso no se hace.
Ahora la política comercial del país no se decide en el Congreso (en donde se supone que representantes elegidos democráticamente por el pueblo definen los criterios legales para el funcionamiento de la economía), ni en el Ministerio de Comercio (en donde se supone se reúne a los técnicos y especialistas que saben más del tema), ni en Comex o en Adex (en donde se supone que se agrupan libremente las empresas que se dedican a exportar y a importar), ni en ningún otro lugar. Lo deciden los miembros del Tribunal Constitucional, que no son economistas, ni empresarios, ni tienen estudios de teoría de comercio, etc. Pero ellos son los que deciden ahora.
Porque pueden.

Apenas salí de la universidad me tomé un tiempo para experimentar escribiendo guiones y libretos. Llevé mis cursos y toda la nota. Y de todo lo que probé, escribir teatro se me hizo extremádamente difícil, al punto que un día decidí que eso no era para mí. En teatro hay muchas limitaciones que en otros medios no se manifiestan. Aunque claro, cada medio tiene sus gracias, sus pros y sus contras.
Además yo no soy lo que se podría decir un amante del teatro. Voy a veces y me he entretenido con una que otra obra, pero no soy un asistente muy profesional que digamos. A diferencia de cuando voy al cine, cuando voy al teatro estoy con la consciencia crítica apagada y simplemente no estoy buscando referencias o simetrías o transiciones o etc, etc.
El caso es que tengo amigos que sí le entraron en serio al teatro. Y uno de ellos puso hace poco una obra, Amando a Sally. Bueno, él actúa en ella. La obra es de María Elena Mayurí, quien también la dirige. Es una puesta bastante modesta. Y como digo, yo no soy un asistente al teatro muy crítico, pero esta comedia me gustó un montón.
La historia en sí misma no es la gran cosa. Es la típica historia de una pareja que se conoce, se casa y aprende a convivir sin matarse en el proceso. Pero el gancho de esta obra no es ésa. O por lo menos, a mí no me gustó por eso. Me gustó por las actuaciones veloces y coordinadas. El libreto está escrito astutamente para que los dos personajes principales (Sixto y Sally) se luzcan con varias secuencias paralelas o cruces.
Juegan mucho con dos secuencias que suceden al mismo tiempo (por ejemplo, Sixto luciéndose con sus amigos al mismo tiempo que Sally le cuenta a sus amigas su primera cita con Sixto) y cuyos diálogos con personajes que no están presentes terminan formando un diálogo entre Sixto y Sally, pero a un nivel bastante sutil. En ese sentido, Mayurí pareciera que sabe lo que hace y es bastante fina. Una muestra bastante buena de esto es el matrimonio mismo, en el que no sé cómo, se logra transmitir la imagen perfecta de que la experiencia de casarse es diametralmente opuesta para dos personas que están agarradas de la mano y escuchando el mismo sermón.
Y la actuación de Sergio Velarde se lleva de encuentro la situación. A Sergio lo conozco desde hace mucho tiempo y lo he visto perfeccionar ese estilacho obsesivo compulsivo pasivo agresivo que supongo es un homenaje local a Woody Allen. Espero que siga por ese camino, porque realmente es un arrastre de risa verlo desesperarse discutiendo con gente que no está ahí.
La obra sigue hasta el 28 de marzo en el auditorio del Centro Cultural CAFAE - SE (Avenida Arequipa 2985, San Isidro), los viernes y sábados a las 8 pm y los domingos a las 7 pm. No esperen una gran producción ni un escenario millonario. Como digo, es una obra modesta, pero muy bien puesta.

No sé bien cómo escribir este post diplomáticamente correcto, así que voy a patear el tablero y no voy a pretender quedar bien con todos. Y es que hace unos días me hicieron llegar un tierno comunicado de unos ideólogos que ya han sido criticados por otras manifestaciones. Cuando lo vi lo encontré lleno de imprecisiones y de desinformación, así que no le di mayor importancia, asumiendo que el nivel de la educación en este país no podía estar tan bajo como para que la gente se la creyera.
El caso es que en los últimos días hasta dos personas me comentaron ese tierno texto y ya me preocupó. Y sinceramente, como le dije a estos dos amigos (a los que estimo mucho), no me voy a gastar desmintiendo uno por uno todos los puntos altamente cuestionables que tiene. Pero algo tengo que hacer para calmar a mi consciencia, así que me voy a detener a cuestionar apenas la primera parte de la primera línea de la primera cita en la primera página de este documento. Ahí postulan que el Perú está aplicando un modelo económico que busca un proceso de apertura comercial indiscriminada.
Presten bien atención: apertura comercial indiscriminada. Si buscamos en la Real Academia Española encontraremos que la palabra “indiscriminado” arroja la explicación “no discriminado”. Es decir, que se estaría abriendo las puertas del comercio para todos los productos de todos los países por igual. Lo cual, pues, es mentira.
No solamente es mentira, sino que es una mentira bien infantil. Y bien fácil de rebatir. Si se hubiese abierto el comercio indiscriminadamente, se habría arrojado a la basura la estructura arancelaria que tiene el país. Como todo buen economista informado sabe (o debería saber, en todo caso, si se va a poner a criticar la política comercial peruana), en los últimos años se ha estado reduciendo el arancel promedio y se ha estado aplicando arancel cero a algunos productos. Por ejemplo, el cemento. Particularmente el caso del cemento ha sido un escándalo la semana pasada, porque el Tribunal Constitucional intervino devolviendo el arancel de 12% a las dos partidas relacionadas con el cemento.
O sea, no es indiscriminada, porque para la importación de cemento es 12% y para otros muchos productos es 0%, como por ejemplo, los equipos de riego. Y otros productos pagan más aún. Por ejemplo, la ropa china -con TLC y todo- seguirá pagando un arancel de 17%. Así que si algunos productos pagan arancel cero, otros productos pagan arancel 12% y otros productos pagan arancel 17%, no se puede hablar de una apertura indiscriminada. Decir lo contrario sería una obvia mentira.
Pero no lo veamos por productos. Veámoslo por origen de los productos. ¿A lo mejor han oído hablar de la Comunidad Andina? Porque definitivamente el autor de esa cita no lo ha hecho. Si hubiese oído de la Comunidad Andina sabría que los productos provenientes de Colombia, Bolivia y Ecuador reciben un trato diferenciado a los productos de otros países de la región. O sea, productos bolivianos ingresan al Perú más libremente que los productos de Chile o de Argentina. A eso se le llama discriminación. Y hace que decir que la apertura comercial haya sido indiscriminada sea mentira.
¿O quizás han oído hablar de los tratados de libre comercio? Se trata de acuerdos por los cuales dos países deciden que podrán comercializar productos con mejores condiciones. Típicamente se refiere a reducción de aranceles para productos específicamente hablando del país en cuestión con el que se ha firmado el tratado. Es decir, el Perú cuando negocia un tratado de libre comercio con México, pero no con la Guyana Francesa, está buscando discriminar positivamente el ingreso de productos mexicanos, poniendo en desventaja a los productos que vienen de la Guyana Francesa. Cuales quieran que ellos sean. Es decir, sería mentira decir que la apertura comercial habría sido indiscriminada. O que se pretende que lo sea.
Es más, ya en el colmo de lo obvio, ni siquiera los tratados de libre comercio son iguales. Por ejemplo, el tratado de libre comercio con Estados Unidos tiene condiciones muy distintas al que se está negociando con la Unión Europea. Si la apertura fuese indiscriminada, todos los acuerdos comerciales serían iguales.
Y todo esto es para desmentir, como decía, la primera parte de la primera línea de la primera cita en la primera página. Arrasar con el resto del documento me parece una pérdida de tiempo.
Todo esto no quiere decir que la política comercial peruana es alucinantemente eficiente y efectiva. Hay muchos detalles que hay que afinar o que no se están haciendo. Hay muchas reformas internas que hay que hacer para que la apertura se pueda aprovechar realmente. Sí, pues, hay mucho por hacer. Pero eso no es excusa para andarle mintiendo a la gente.

