
Quizás deba comenzar comentando que tengo familia en Cusco. Cada vez menos, porque de a poquitos se van trasladando a Lima, pero todavía cuento con un batallón de tíos y primos en la ciudad imperial. Esto lo digo para que cuando lean que viajo una vez al año a Cusco, entiendan no lo hago solamente como turista, sino que además tengo la oportunidad de preguntarle a cusqueños de a pie cómo les va y cómo está la situación en esa ciudad y sus alrededores.
Hace dos años viajé a Cusco para trabajar desde allá por poco más de una semana. Y en el tiempo que pasé ahí me planteé una misión personal: Encontrar a un cusqueño de Cusco que me dijera directamente y sin peros que estaba mejor que hace 10 años. Y mi misión fue un fracaso. Absolutamente ningún cusqueño estuvo dispuesto a aceptar que había mejorado él o la ciudad misma. Ante mis réplicas de que no era posible que no aceptase que había mucho menos mendigos en las calles, que la ciudad estaba indiscutiblemente más limpia, que claramente había más comercio, etc, el argumento final tendía a ser una variación de “es que no sabes…” (acompañado de un suspiro) o “pero a qué costo” (acompañado de un silencio incómodo).
Ahora, ¿se puede decir que Cusco ha mejorado? Hace unas semanas, por motivo de las fuertes lluvias en Cusco me volví a conectar con un amigo que trabaja en la Cámara Regional de Turismo de Cusco, dado que ellos organizaron una serie de colectas y de intervenciones en las zonas afectadas. Eventualmente conversamos sobre el impacto del turismo en Cusco y me hizo llegar el link a este video. Se trata de un recorrido para nada sistemático por mercados de esa ciudad. Pero aún así me parece bastante revelador, porque cuadra a la perfección con la experiencia que yo tuve hace dos años cuando hice el mismo esfuerzo, pero sin documentarlo en cámara.
La idea del video es algo larga, pero vale la pena explicarla. En Cusco se suele negar a muerte que el turismo tenga un efecto positivo verdadero en los cusqueños mismos. Se suele argumentar que todos los beneficios del turismo se lo llevan limeños o extranjeros. No obstante, en estas semanas en las que no ha habido turismo en esa ciudad -como consecuencia de las lluvias y de los desastres naturales- no solamente los limeños y los extranjeros la están sufriendo. De hecho, los grandes hoteles y los que se dedican a mover el turismo de alto costo -que vendrían a ser a los que se refieren cuando alegan que el turismo sólo beneficia a unos cuantos- no la sufrió por mucho.
Grandes hoteles y grandes corredores de turistas suelen funcionar con contratos a los puntos finales en Europa, Estados Unidos y otros orígenes. Esos efectivamente cancelaron contratos por los golpes ambientales acontecidos en Cusco. Pero ya firmaron contratos para la temporada de medio año. Si tienes un gran hotel y ya sabes desde ahorita que en un par de meses el flujo de turistas se va a recuperar, no estás tan grave, porque mantener la operación mientras tanto se puede hacer como sea. Te prestas plata, reduces el personal momentáneamente, etc. Lo que sea.
Pero la señora que atiende en un puesto en el mercado y le vendía la carne a ese hotel, ésa sí se fundió. Porque esa señora no tiene el nivel de maniobra financiera que tiene el hotel. Esa señora tiene una serie de cuentas que pagar al día o a la semana. Si su demanda se cae al suelo, como es lo que efectivamente ha pasado, ella se funde.
Ahora, la señora del mercado es un ejemplo. Como lo repasa este post del blog de Arellano Marketing, cuando el turismo cae, los perjudicados no son solamente los hoteles de cinco estrellas, sino también los hostales y hospedajes de bajo costo (que emplean a más de 4,210 personas, la gran mayoría de ellos cusqueños); los restaurantes, cafés y bares (que dan trabajo a más de 22,000 personas, nuevamente la gran mayoría de los cuales son cusqueños); los artesanos, comerciantes y productores de textiles (que involucran a alrededor de 20,000 personas, casi todas ellas cusqueñas o de la región); etc, etc.
Es decir, si en positivo algunos grupos se resistían a aceptar que el turismo los beneficia, quizás en negativo lo hagan. Y apoyen las medidas que se quieren aplicar en Cusco para repotenciar el turismo. Por ejemplo, todo lo que hay que mover para conseguir un nuevo aeropuerto. El que tienen en este momento hace tiempo que colapsó y no se aguanta la cantidad de turistas que debería poder recibir.
Así como eso, hay muchas cosas que están pendientes en Cusco y que no avanzan porque no hay voluntad. Después cae una lluvia fuerte y los remueve y evidencia que las autoridades regionales no habían hecho su tarea. Y es una pena, porque no es que tenga familia cusqueña, ni que viaje a Cusco desde que soy niño a cada rato, pero Cusco es maldita. Concentra en un solo lugar experiencias de distintos tipos para varias clases de turistas. Pero en fin. Supongo que de a pocos eso irá mejorando.

Al Joker le revienta que los ciudadanos tengamos planes. Pero eso será en el mundo dentro de la película Batman: The Dark Knight. Incluso en un mundo ideal, uno piensa las cosas antes de hacerlas. Y considera las consecuencias de sus actos y evita meter la pata. Se informa sobre lo que podría pasar y trata de ponerse en todos los posibles escenarios. Eso es, claro, si eres racional. Porque después al universo le importa un rábano si esa semana estabas tomando menos café de lo normal o si justo la enamorada de tu mejor amigo le sacó la vuelta y te distrajo. Igual si metiste la plata en una mala inversión y la pierdes, la perdiste. Lo siento. Debiste haberla pensado mejor.
Eso es en el mundo ideal. Porque en el mundo real hay elementos que no conoces y que tienes que estimar. O más o menos proyectar. Por eso es importante ponerte en distintos escenarios y plantearte qué pasaría si pasa esto o lo otro. Una decisión simple como qué película voy a ir a ver al cine con la flaca a la que le quiero sacar plan se puede volver un proceso recontra estratégico. Si uno fuera un maldito psicópata o si fuese un profesional del levante, iría al cine con anticipación a ver las películas disponibles y decidir entonces cuál es la óptima para poner a la chica en cuestión en el ánimo adecuado. Pero como no todos estamos a ese nivel de necesidad, lo que hacemos es informarnos acerca de las películas que hay en cartelera a través de las críticas en los periódicos, investigamos sobre qué otras películas ha escrito el guionista, etc. Así uno incrementa la probabilidad de que el film que le invites a ver sea el adecuado para tus intenciones, sin evidenciar demasiado cuál es tu verdadero objetivo esa noche. Y es que si uno está invirtiendo su plata (pagándole su entrada), es porque se asegura de que sacará beneficio (no necesariamente monetario).
A eso los adultos llamamos “tomar una decisión responsablemente”.
Ahora elevemos el razonamiento al nivel macro. ¿Cómo es posible que nosotros como país no podamos pensar bien las cosas antes de hacerlas? Por ejemplo, el deprimente caso del indulto a Crousillat. ¿No podía pensarlo mejor Alan y ponerse en los distintos escenarios y considerar las consecuencias de sus actos ANTES de darle el indulto? Porque ahora ya la regó y arreglar las cosas es un segundo óptimo. Lo óptimo habría sido que piense bien las cosas antes de hacerlas. Incluso bajo el supuesto de que Alan es malintencionado, todo el capítulo lo ha dejado terriblemente mal parado.
Lo mismo pasa con un montón de temas. Y no es un asunto exclusivo de nuestro presidente actual. Por ejemplo, la firma del contrato de exportación del gas de Camisea. Lo firmó nuestro queridísimo presidente anterior y pareciera que lo hizo un día que tomó de la mala, porque fue una pésima decisión que ahora nos causa un montón de problemas y que arreglar va a ser muy complicado. Lo óptimo habría sido que la piense mejor, que lo investigue, lo estudie y decida lo que le conviene más al país. Eso es asumiendo que no hubo dinero corriendo por debajo del río.
El Perú pareciera que es el país del “después arreglamos”. Tenemos que cambiar eso. Lo óptimo es que evaluemos mejor antes de embarrarla y así ahorrarnos muchos costos y vergüenzas. Los créditos agrarios, los subsidios a las viviendas y la payasada del Metropolitano son apenas algunos de los ejemplos del roche que pasamos cuando una autoridad toma una mala decisión y después las consecuencias pasan a cobrarnos la factura. Idealmente cuando la autoridad en cuestión ya dejó el cargo.

Si siguen habitualmente este blog sabrán que cuando lo inicié me comprometí a escribir un post diario de lunes a viernes y me ha costado, pero lo he cumplido casi siempre. Así que días como hoy en los que estoy dando vueltas por la ciudad haciendo una y otra cosa son un martirio, porque sé que volviendo a una estación de trabajo (ya sea ésta en mi oficina, en mi casa o en una cabina pública de internet con un chibolo al costado viendo porno), voy a tener que arrancar con algo. Y si tengo suerte, tendré tema.
El caso es que mientras estaba yendo del punto A al punto B estaba chequeando en el blackberry mi cuenta de twitter y había gente comentando la decisión de los bancos de no recibir billetes de dólares que estén marcados y su implicancia para la obvia conspiración mundial que lideran estos bancos y cómo esta decisión cuadra a la perfección con ese fantástico plan para tomar el control del mundo.
Aquí tenemos que dividir dos cosas: soles de dólares. Tengo entendido que los bancos están obligados a aceptar billetes de soles, aunque estén cortados en pedacitos y con arengas políticas escritas encima. Pero los dólares… Bueno, los dólares son el problema, pues.
Ahí el tema es que los bancos tienen que poner la raya en el suelo en alguna parte. No pueden seguir recibiendo hilachas que alguna vez fueron billetes, porque a ellos nadie se los va a recibir. Hace unos meses la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), en su inmensa sabiduría y su infinita paciencia y lentitud manifestó unos límites medibles. Lo he buscado en internet para linkearlo y no lo he encontrado. Además, este post lo estoy escribiendo de memoria y con los ojos cerrados. Y con una mano atada a la espalda. Así que no se me pongan exigentes.
El caso es que eran criterios medibles. Hacía referencia al número de sellitos que pueden tener los billetes, que ninguno sea más grande que una moneda de 10 centavos, etc. Todos son criterios obvios. Y es que hay países en los que se siguen aceptando tiritas que alguna vez fueron billetes. Recuerdo cuando estuve en Paraguay hace unos años, que los billetes estaban tan gastados y maltrechos, que se me hacía difícil reconocer de qué definición era ese escupitajo de papel que sacaba del bolsillo.
¿Les preocupa que los bancos conspiren contra nosotros y dejen de recibir maliciosamente billetes con pequeños defectos? No se preocupen, hay miles de formas de hacer líquidos esos billetes de alguna manera. El dinero es dinero. Por ejemplo, ¿vieron en el noticiero al cambista diciendo a la cámara “yo recibo de todo… pero lo cambiamos a un poquito menos”. El negocio del banco es recibir dinero para después prestarlo. No le conviene al giro de su negocio negarse a recibir billetes. Si efectivamente lo hacen, es por algo. Por eso, por más que Asbanc se ponga fregado, a las entidades financieras no les conviene seguir rechazando billetes que están razonablemente en buen estado.
Y quizás pueda aprovechar para comentar que el dinero es dinero porque sirve como referencia. Y en la medida en la que sigue sirviendo como referencia sigue valiendo.

