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La importancia de la cultura (4)

20 Oct

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Una noticia que ha pasado piola el día de hoy, entre abortos y viajes de parlamentarios financiados con nuestro dinero, es el del mecenazgo cultural.  Suena formal o quizás hasta renacentista.  Pero en realidad es bastante simple y podría contribuir a la solución de un problema mayor.

La idea es que a las empresas y organizaciones en general que financien actividades culturales se les otorgue beneficios tributarios.  Típicamente, que paguen menos impuestos.  Éste es un modelo que se usa en otros países y que se usa con buenos resultados para promover financiamiento de actividades culturales con dinero de privados.

A mí personalmente me parece genial, porque seamos sinceros y reconozcamos que el Estado no tiene la visión ni el dinero para estar financiando eventos culturales.  Y si lo hace, lo termina haciendo con terribles sesgos. ¿Alguien recuerda la espantosa ley del artista que salió en el gobierno de Toledo? Era un desastre en el sentido que definía algunas expresiones artísticas como más arte que otras, de tal manera que un actor de teatro en Lima no tenía los mismos derechos que un charanguista en Ayacucho.  Lo cual, ok, tiene sentido en el hecho de que en general en lima hay más oportunidades que en Ayacucho.  Pero ve tú a sustentar el mamotreto que era esa norma.

Por el otro lado tenemos que el avance de las nuevas tecnologías puede ser lo máximo para nosotros consumidores que nos bajamos canciones sin pagarle a nadie, pero puede representar la muerte financiera para artistas que quieren vivir de su arte. Pueden justificarlo como quieran. El hecho concreto es que hoy en día un artista se muere de hambre si es que no aprende a utilizar internet para promocionarse. Y a ver, levante la mano el que le quiere enseñar a un zampoñista en un pueblo alejado en el que aún no llega la línea telefónica cómo se crea una cuenta en myspace.

Así que por un lado tenemos que la gente consume sin pagar y por el otro que los que producen eso tienen que recibir un pago por lo que hacen.  Como decía en otro post, quizás la solución sea regresionar a un estado medieval, en el que existían mecenas de artistas.  Esta iniciativa que se discutiría en el Congreso iría por ese lado.

Claro, la consecuencia es que cada empresa u organización va a promover al que le dé la gana.  Y ahí no vale quejarse.  Pero ni modo, es una posible solución a este asunto.

Y nadie nos quitará lo pirateado (6)

4 Sep

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Cualquiera que haya asumido el reto de estudiar economía en la universidad tiene que conocer el nombre Hal Varian.  Su libro, Microeconomía Intermedia, es un texto obligatorio para el curso de microeconomía en la universidad que sea.  O por lo menos, debería serlo.  Y bueno, la microeconomía es una de las áreas de la economía que uno tiene que estudiar si es que aspira a que su diploma valga el valor del cartón en el que está impreso.

En su página web oficial Varian recuenta los premios que ha recibido, así como sus títulos y demás condimentos.  Pero también hay un dato interesante.  Este causa que es un referente inevitable en lo que es microeconomía académica dejó su puesto en la Univesidad de Berkeley para irse a trabajar como economista en jefe en ni más ni menos que la empresa Google.

Resulta que este causa ha estado bien metido en el tema de cómo adaptar a la economía a las nuevas tecnologías que alteran los patrones y muchas de las maneras como hacemos las cosas.  Una de ellas, que pueden chequear en su libro Information rules: A strategic guide to the network economy (muy buen site, es más) desarrolla qué es lo que está pasando en un mundo en el que generar la información tiene un costo, pero su reproducción no la tiene.  Y su uso tiene prácticamente un precio cero.

Es decir, el modelo actual está destinado al colapso, no hay vuelta que darle.  No puede ser que los discos de música sigan valiendo lo que valen actualmente en un mundo en el que me puedo bajar todas las canciones de algún website pirata.  No puede ser que los libros valgan tanto, si me los puedo bajar en pdf.  No puede ser que las películas en DVD cuesten tanto, si me las puedo bajar de torrent.  Ni vuelta que darle.

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Pero por el otro lado también hay un detalle.  Y es que tampoco podemos vivir en un mundo en el que nadie paga por lo que se consume.  O sea, ese disco que te bajas y por el cual no pagaste nada no reditúa en lo más mínimo al músico que lo grabó y que debería vivir de eso para poder hacer música cada vez más chévere.  Igual con el que generó la el texto que se imprime en el libro y los involucrados en la producción de una película.  Ok, hay intermediarios que hay que eliminar y que ganan demasiado.  Pero al final, alguien tiene que pagar por la generación del material.

Este cambio de paradigma va a cambiarlo todo.  Desde la manera como se brinda licencias para emisoras de televisión hasta las comisiones que se cobran por el comercio electrónico, pasando por periódicos y servidores de correos electrónicos.  Pero no sólo eso, sino también cómo aprovechar esto para que todos salgamos ganando.

Los dejo con una cita de su website:

On page 28 we say “One of the great things about information is that you can sell it over and over again.”  This is amply illustrated in the recording business.  In 1984 the classical music producer Erato issued a Sibelius recording in an olive drab cover that sold around 2,000 copies.  Nine years later they issued three tracks from the samedisk with a colorful cover and a catch title, which sold more than 50,000 copies.  The lesson:  look in your archives for hidden gems!

Esto no era posible antes de la introducción de esa tecnología.  Agradezcamos a nuestros dioses personales por eso.

Y nadie nos quitará lo pirateado (5)

27 Aug

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Al final de toda la discusión, la siguiente duda me queda: ¿De qué van a vivir los músicos? Son válidos muchos de los puntos que ponen varios de los que protestan en calidad de consumidores.  Es cierto, el producto está demasiado caro para lo que nosotros estamos dispuestos a pagar.  Esto en un contexto en el que la opción de acceder al producto de manera informal es cada vez más simple.

(Aunque, yo que viví la época dorada del Napster y la anterior del pirateo en cassettes no noto eso.  Ahora, con las iniciativas legales como el cierre de Pirate Bay no me queda claro que sea cada vez más fácil piratear.  O quizás sea que me estoy quedando).

En todo caso.  Poniéndolo en gráfico… (Y usando fonts huachafos, porque casi nunca tengo oportunidad de usarlos…).  Un bien normal tiene una interacción de la oferta y la demanda como sigue.

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La idea es que mientras que los consumidores demandarán menos de un bien conforme su precio sube (Curva de demanda), los productores al ver que el precio sube están dispuestos a dejar de producir otras cosas para dedicarse más a ofrecer más ese bien (Curva de oferta).

Ahora, en el mercado habrá un “conflicto” constante, porque mientras que los consumidores siempre querrán un menor precio, los productores siempre querrán uno mayor.  Es decir, si el precio del bien fuese p1, los consumidores se alocarán y querrán demandar q1.  Pero en el mercado solamente habrá q2 disponible, porque los productores a ese precio no estarán dispuestos a ofrecer más.  Para interesar a los productores a que pongan más en el mercado, los consumidores tendrán que ir subiendo el precio.

Por el contrario, si los productores se malean y ponen el bien a un precio excesivo, digamos p3, se friegan, porque los consumidores a ese precio solamente estarán dispuestos a comprar q3.  Los productores perderán, pues habrán producido q4 y no podrán venderlo todo.  Así que tendrán que ir bajando el precio.  Aquí el gráfico que presenta ese caso.

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No obstante, es posible que los consumidores nunca se pongan de acuerdo con los productores y el producto tenga que ser retirado del mercado.  Por ejemplo, qué pasa cuando los precios que están dispuestos a pagar los consumidores nunca justifican los costos de los productores.  Es un gráfico que pocas veces se dibuja, pero ilustra todos esos casos de productos que nunca se harán porque no son negocio para los productores.

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Entonces, para que haya una cantidad q5 del producto en el mercado, en este caso en especial, los consumidores estarán dispuestos a pagar solamente p5, mientras que los productores necesitan por lo menos p6 para funcionar.  Al final, el producto no se ofrece en el mercado.

¿Es esto lo que está pasando con el mercado de la música? Por las razones que sean.  Que las disqueras no incorporan nueva tecnología, que sus altos mandos cobran demasiado, que los impuestos son excesivos, etc, etc.  Esto quiere decir que proponemos otro modelo que concilie las expectativas de los consumidores con las disponibilidades de los productores o nos olvidamos del mercado de la música.   O si no, nos vamos buscando varios mecenas que financien músicos desinteresadamente.  Como la Corona Austriaca con Mozart.

Y nadie nos quitará lo pirateado (4)

14 Aug

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Hace poco, como parte de una discusión acerca de los derechos de autor, que a su vez partía del eterno conflicto entre APDAYC y defensores del uso libre de la música, me insistieron en que ahora la música debería tener precio cero, por las razones usualmente citadas.

Los argumentos que me dieron, debo aceptarlo, tenían sentido… para la definición de la demanda.  O sea, en un mercado competitivo, el precio de un producto (en este caso, la música), lo define la interacción entre la oferta y la demanda.  Mientras que por el lado de la demanda, los consumidores están dispuestos a comprar un cierto número de productos, dado su precio, por el lado de la oferta, los productores estarán dispuestos a colocar en el mercado un número de productos.  A veces ese número no se cruza.

Por ejemplo, pensemos en que yo quiero que me lleven en helicóptero a mi oficina.  Me parecería un servicio genial, dado que odio la atrocidad que está haciendo la Municipalidad de Miraflores con Shell y el tráfico que nos está causando, que seguramente como andan a paso de caracola, terminarán para el 2015 y será inaugurada por Keiko Presidente.

Pero por más emocionado que esté por la idea, hay un precio máximo que estoy dispuesto a pagar.  Y estoy seguro que ese precio no justifica los costos.  Es decir, mi precio de demanda nunca alcanzó el precio que los ofertantes están dispuestos a aceptar para brindar el servicio.  Como las dos funciones no se cruzan, entonces el producto no se brinda en el mercado.  Por más que haya demanda.

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Por eso, claro, cuando nos preguntan a nosotros los consumidores cuánto queremos pagar por escuchar música, decimos que cero.  Obvio.  ¿A quién no le gusta que le regalen las cosas? En calidad de consumidores, tenemos el derecho de manifestarnos al respecto.  Pero no por eso el mercado nos va a hacer caso.  Porque en economía, el precio se define por interacción entre demanda y oferta.

Por el lado de la oferta, la música no puede costar cero. Listo, se acabó. No hay discusión. El músico tiene que recibir dinero de algún lado. Si no, se dedicará a limpiar lunas en un cruce de avenidas o a ser abogado de asociación sin fines de lucro. Qué sé yo. Pero tiene que recibir dinero de alguna manera, porque si no, ¿de qué vive?

Que APDAYC son unos explotadores, que no funciona bien, que está mal que administren una radio de todos los peruanos. Ok, todo eso es cierto y me parece que no tiene sentido discutirlo. Negarlo es comprometer el sentido común.

Pero no podemos ponernos en el plan terco de que la música a partir de ahora es gratis y todos somos amigos. No, pues. El modelo que propongamos para que reemplace al actual (que es imperfecto, creo que todos estamos de acuerdo), tiene que considerar que al final sí tenemos que meter la mano al bolsillo para poner algo de plata. Más que ahora, de hecho. Sarta de piratas informales.

Y como no me gusta que un post en un blog no tenga links, porque se ve tan web 1.0, aquí uno a un artículo sobre las cinco secuencias de sexo más espeluznantes en la historia del comic.  Porque, como dice el artículo, si hay alguien que escribe sobre sexo de una manera madura y adulta, definitivamente no es guionista de comics.

Y nadie nos quitará lo pirateado (3)

31 Jul

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La calma antes de la tormenta.  Un momento de tranquilidad antes de que las partes en conflicto arremetan de nuevo.  En la esquina azul, los amigos de Apdayc y sus ejecutores legales.  En la esquina roja, los defensores usuales de las descargas gratuitas.  Hasta que una de las partes tenía que lanzar la primera piedra nuevamente y todo arranca de nuevo.

Mientras se siguen sacando los ojos entre ellos con los mismos argumentos irreconciliables de siempre, quería tomarme la molestia de darle un enfoque económico que quizás ayude.  Cuando yo estaba saliendo de la universidad estuvo brevemente de moda la rama de la teoría económica de la regulación.  Con esto de que acababan de entregar la concesión a Telefónica y que Osiptel estaba contratando gente.  Y supongo que en aras de la transparencia debo añadir que practiqué en Osiptel un tiempo.

En todo caso, en teoría de la regulación hay un término conocido como “captura del regulador”.  Es un fundamento que en economía política se busca evitar, porque de lo contrario se lleva a serios costos económicos y riesgos de todo tipo.  Como lo explica la CAF en este documento:

El diseño de la regulación puede verse afectado, entre otros factores, por la existencia de intereses particulares en el seno mismo de los reguladores y hacedores de política, o por presiones de tipo económico o político. En el marco de estas fallas de gobierno, cobra particular importancia la denominada “captura del regulador”, en la cual, posiblemente por presiones de grupos interesados, la regulación termina inclinándose a favor del propio sector regulado. La literatura económica ha reportado múltiples casos de este tipo a partir de los trabajos de Stigler (1971) y Peltzman (1976).

Básicamente lo que dice es que está mal que la entidad o la institución que regula un mercado tenga intereses involucrados.  Como por ejemplo, digamos que Osiptel además de regular el mercado de las telecomunicaciones ponga una empresita que brinda servicios de telefonía.  Es obvio que si eso sucediese, Osiptel se vería incentivada a sacar a Telefónica y las demás competidoras del mercado.  Por eso hay leyes que evitan que esto suceda.

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Claro, en este caso es obvio verlo.  Pero hay otros en los que no es tan claro.  Por ejemplo, qué pasa si una empresa de telecomunicaciones seria quiere en su directorio a alguien que la rompa en teoría de la regulación y busca entre los analistas de Osiptel, que es donde se supone deberían estar los más capos en ese tema.  A la empresa le convendría tener a una persona que domina la teoría para tomar mejores decisiones que al final se supone beneficiarían al usuario.  Pero por otro lado, si se le permite contratarlo, el analista verá beneficios personales en pasar información confidencial, hacer mal su trabajo en la reguladora, etc.

Y así hasta el infinito.  El tema de la captura del regulador es bastante conocido y estudiado, porque a veces termina siendo algo sutil y difícil definir.

Pero déjense de vainas, ¿Apdayc manejando una radio comercial? Ahí no hay nada que comentar.  Es cristalino como el agua de un arroyo que aún no ha sido contaminado por la minería informal.  Es un caso de captura del regulador por donde lo vean.  Y el Ejecutivo dándoselo en bandeja, peor aún.

Y nadie nos quitará lo pirateado (2)

26 Jul

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En la economía hay un asunto llamado externalidades.  Se refiere a esas ocasiones cuando un beneficio o un costo no es percibido por el que lo genera.  Por ejemplo, cuando un doctor decide poner un consultorio en un pueblo alejado, no solamente se trata de un proyecto empresarial en el que se considera lo que ganará por cobrar a sus pacientes, menos los costos de mantener el consultorio.  Claro, eso es lo que el doctor evalúa para decidir si pone o no el consultorio.  Pero a la sociedad como un todo le interesa que efectivamente ponga el consultorio en ese pueblo alejado, aun cuando no sea totalmente rentable para él por sí solo.  Porque él genera una externalidad positiva a ese pueblo alejado: la ventaja de contar con un doctor más cerca, que podrá salvar vidas.

Por eso en algunos casos se justifica que el Estado intervenga dando subsidios.  Por ejemplo, al doctor le puede ofrecer una cantidad de dinero determinada por instalarse en ese pueblo, de tal manera que ese subsidio, sumado a lo que gana por cobrar a sus pacientes, dé como resultado un ingreso superior a los costos en una proproción suficiente como para que al doctor le salga rentable poner el consultorio.

Lo contrario también sucede.  A veces el Estado tiene que intervenir para desincentivar una actividad, porque el que pone la operación no se da cuenta de que le está generando costos a la sociedad.  Por ejemplo, una minera que contamina.  A este caso se le denomina externalidad negativa.  Al anterior se le considera una externalidad positiva.

En los libros de economía se suele mencionar a la actividad de la educación y de la cultura como un caso de externalidad positiva.  Cuando uno pone un colegio, no solamente está poniendo una empresa que vende el servicio de la educación de menores.  Además está poniendo un punto focal de formación de mentes para el futuro.  Si hace bien su trabajo, le está generando un enorme beneficio a la sociedad.  Por eso en algunos países las escuelas privadas están subsidiadas.

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Y por eso también en los países desarrollados, la producción de libros está subsidiada.  Tiene mucho sentido que a la edición de libros se le incentive de esta manera, porque genera una serie de beneficios a la sociedad que el pobrecito editor no percibe.  No solamente porque la competencia en ese mercado es brutal, considerando las grandes editoriales que participan.  Sino porque además, tiene que lidiar con el fenómeno de la piratería.

Ahora, como lo decía en mi post anterior sobre este tema, no está bien que se considere piratería a toda copia per sé.  O sea, cada vez que fotocopio un par de hojas de un libro no estoy siendo pirata.  Se supone que hay copias que se aceptan en términos legales y morales.  Como por ejemplo, cuando el profesor manda a leer el capítulo de un libro del cual solamente hay una copia en la biblioteca de la universidad.  Eso no es piratería.

Pero en fin.  Si un editor o un productor cultural en general, además de tener que lidiar con la piratería y con la competencia propia de cualquier mercado, tiene que pagarle a una institución que por ley ha sido designada por el Estado para, caray qué contradicción, defender a los productores culturales… Entonces hay algo que no está funcionando adecuadamente.

Porque se supone que instituciones como Indecopi o Apdyc fueron creadas para corregir las fallas del mercado, en este caso las externalidades.  Pero cuando las argucias legales internas de Apdyc dan como resultado final que un productor cultural vea más costosa su operación, entonces se puede decir que la institución está contradiciéndose internamente.

En ese momento es del mejor interés económico del país (que no es solamente el interés financiero, en el sentido de que el económico incluye consideraciones sociales), alterar la norma por una más moderna. Si es que el objetivo es promover la cultura, claro.

Y nadie nos quitará lo pirateado (1)

21 Jul

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Éste es uno de esos temas espinosos que no me gusta discutir, porque toca el nervio de algunas personas, que de inmediato saltan a defender su posición de una manera pasional e impulsiva.  Como el futbol.  O la política.  O la necesidad de que aún tengamos que maldita sea ir al banco una vez al mes a pagar las cuentas de algunos servicios proveídos por empresas que se han quedado olvidadas por el tiempo en el siglo pasado.

Pero en fin.  Vayamos al meollo del asunto.  Ahora último el amigo Utero de Marita escribió en su columna semanal en el arcáico mundo del periodismo impreso un rollo sobre los derechos de autor, en el cual, entre otras cosas, arremete contra un causa que a su vez tiene otra columna en otro medio del prehistórico mundo impreso.  Y poco ambiental, dicho sea de paso. ¿Cuántos arbolitos hay que bajarse para imprimir la versión dominical de uno de esos dos periódicos? Tanto que pitean por la Amazonía y la defensa de nuestro medio ambiente.  Eeeeeeeen fin.

El caso es que este segundo señor le responde en esta otra columna.  Y como nos encanta la peliculina, de inmediato todo el mundo salta a opinar y meter cuchara.  Y yo no soy más que humano, a pesar de todo.  Así que me uno a la onda.  Es que de lo contrario me sentiría excluído…

Más allá de los dimes y diretes y de la integridad moral de cada uno de los dos implicados… Y de los amigos que cada uno pueda tener… Lo que a mí me parece importante es definir un principio que no se debería romper. 

Aunque antes, debo comentar que ya está definido que es aceptable bajarte canciones o fotocopiar libros o lo que sea, bajo ciertas circunstancias.  Entonces, cuando uno de los señores dice con orgullo que él no tiene canciones bajadas de internet en su computadora, yo le respondería que eso a mí me tiene sin cuidado.  La misma Microsoft regala software, así como muchas disqueras te permiten bajarte algunas canciones.  Pero son las que ellos deciden y bajo condiciones que ellos ponen.  Porque a final de cuentas, el producto es suyo.

Eso es lo que a mí me parece crucial y que se tiene que respetar.  Cuando dicen que el internet es una aldea global y que ahora todos son mis amigos… Ok, si quieres.  Pero se tienen que respetar los derechos del que los tiene.  En ese sentido, la mecha entre Limp Biskit y Metallica me parece muy representativa.  Mientras que Limp Biskit salía abiertamente a decir que le interesaba un bledo que la gente se pirateara sus canciones, porque su rollo era llegar a la mayor cantidad de personas, Metallica decía que no le gustaba que la gente se bajara sus canciones de Napster.  De hecho, hasta donde sé, Metallica fue uno de los promotores de que se cerrara ese medio.

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Ahí creo que reside la confusión entre estos dos señores que ahora entrarán a un duelo de astucia, de esos que promueven más ventas y mayor circulación de sus respectivos periódicos.  Pero ése creo que es el punto clave.  Que el que tiene los derechos sea el que decide.  El que tiene los derechos puede ser el mismo artista o el productor o un abogado que los compró para hacer plata.  Porque si no es él el que decide, pucha, a él lo están abusando y no volverá a invertir tiempo ni dinero en producir nada más.

Ahora, que cada vez más artistas decidan rotar su material gratuitamente, eso es lo que a mí me parece lo óptimo.  O sea, que pateen el tablero y digan ¿sabes qué? ¿Tanta vaina por este archivito de una mega cincuenta? ¡Te la regalo! Hay mucha gente que sabiéndola hacer, se ha vuelto famoso así y ha logrado vivir de su arte.

Se me ocurren dos ejemplos geniales.  No sólo porque el producto sea bueno, sino además porque los artistas detrás de ellos son maestros y supieron aprovechar las nuevas tendencias.  Una es el genio de genios Joss Whedon, que escribió y dirigió la incomparable miniserie digital Dr. Horrible Sing-a-long blog, la dramática historia de un supervillano enamorado de su vecina.  La otra es el website de Jonathan Coulton, en el que el músico promovía sus conciertos regalando los mp3 de sus canciones.  No es mi estilo de música, pero captó mi atención con su canción Re: Your brains, la conversación entre el sobreviviente de una hecatombe zombie y el que lo atendía en la bodega de la esquina, que ahora se quiere comer su cerebro.  Qué buena letra.

En ambos casos hicieron uso de las maravillas de la internet para promocionarse y luego vender un producto.  Esta jugada solamente funciona si tú mismo eres el que decides cuándo tu producto es libre y cuándo es pagando.  Este punto específico, que creo que es el importante, es el que está pasando caleta.

Listo. Ahora odienme por decir que no todo es gratis en este mundo.