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El drama de los penales peruanos (1)

Publicado: 2010-01-11

No tiene nada de gracioso que el director de un penal peruano haya sido mandado matar por un recluso.  Tampoco que el supuesto interno autor intelectual del asunto viva con lujos y privilegios que no son precisamente propios de alguien que cumple una pena en una cárcel, con refrigeradora, horno microondas, televisor de 29 pulgadas, etc.  En fin, esto último no es novedad.  Desde las épocas de Risas y Salsas recuerdo sketches en los que se burlaban de precisamente eso: De cómo los reos vivían mejor dentro de la cárcel que fuera, ante la vista y paciencia de las autoridades.

Ahora, esto lo sabemos todos.  No es novedad alguna.  Cuando hay un escándalo intragable como el asesinato del director de un penal nos horrorizamos todos y le damos cinco minutos de nuestro tiempo.  Y luego nos volvemos a olvidar de todo, haciendo el equivalente a meter el problema del INPE debajo de la alfombra, porque ojos que no ven, corazón que no siente.  Pero no nos dejemos engañar.  Los penales en el Perú están que explotan.  No entra más gente y necesitan no solamente más presupuesto, sino también más personal y más apoyo de todo el Estado.

Resulta algo irónico que cuestionen cómo no se asignó efectivos a la seguridad del director del penal en cuestión, cuando el mismo INPE no tiene suficientes efectivos para cuidar las cárceles.  Y ojo que eso lo han anunciado a gritos desde hace años.  Pero nadie les hace caso y no se aplica las medidas que hacen falta.  En este comentario del IPE hay cifras que son sabidas por todos, pero que aún así no son motivo de una reacción agresiva por parte del Ejecutivo que no manda al Ministerio del Interior en pleno a hacer algo, al Legislativo que sigue demorando las medidas que hace falta aplicar y al Judicial que sigue demorando procesos, lo que hace que haya más gente -mucha más gente- de la que debería en las cárceles.

Por lo pronto, que no se entre con antorchas en la mano a arrasar con los culpables del asesinato sería una pésima pésima pésima señal que no deberíamos darnos el lujo de mandar.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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