respeta al almirante

Acerca de la promoción del cine (6)

Publicado: 2010-07-02

Hace un tiempo estuve colgando unos posts tratando distintos aspectos con respecto a cómo podemos promocionar mejor el cine en el Perú.  Y es que es fácil pararse en el medio de una plaza y pedir a gritos más recursos públicos del papá Estado.  Y claro, si estuviésemos en Finlandia o en Suecia, en donde sobra el dinero para promover cultura y arte, no habría problema.  Pero lamentablemente el Perú es un país que se encuentra aún en desarrollo.  Y por el momento tenemos varios temas que se encuentran mucho más arriba en la lista de prioridades.  No digo que promover el cine no sea importante.  Sino que más importante es afianzar los avances en la reducción de la desnutrición, en la reforma de la educación, etc.  Y eso cuesta dinero.  Dinero que no nos sobra.

En repetidas ocasiones he insistido en que hay algo que no cuadra con Conacine.  Si bien hay varias cosas que se podrían decir, hay un detalle en especial que me parece el más crítico.  Se trata de los incentivos por los cuales se hacen películas en el Perú.  El sistema de Conacine te ofrece una porción del financiamiento que necesitas para hacer tu película, pero no todo.  Ese dinero que Conacine te brinda, no lo tienes que devolver.  Ahí no más ya estamos mal, creo.

Ustedes dirán que se trata de una subvención que el Estado paga para que se produzca cultura dentro del país.  Pero ahí tenemos dos problemas.  Nos guste o no, la industria del cine es un negocio.  Si quieres contratar al luminotécnico genio recién llegado de trabajar en los estudios de Lettermann, tendrás que pagarle un sueldo que compita con el que le ofrecen las compañías que producen material publicitario.  Y esos sí que pagan bien.

Pero ok, dejemos de lado que ese luminotécnico se merece ganar bien, porque es capo en su trabajo. (Después de todo, una respuesta habitual a este argumento es que un artista trabaja para que sea conocido su trabajo y que no le importa el dinero.  No sé, yo opino que un artista igual debe comer, aspirar a tener una casa propia, etc...).  Igual el camarógrafo, sus quince asistentes, la señora que lleva los sanguchitos a la mitad de la grabación, etc.  Todos ellos -si se van a dedicar a producir cine- tienen que ganar bien para especializarse en eso.  Y que se especialicen en producir películas es la única manera de asegurarnos de contar con buen cine a largo plazo.  Y eso no se puede lograr con donaciones del Estado, porque eso es terriblemente inestable.  Mañana sale elegido una mancha de Congresistas con otras prioridades y fuiste Conacine.

La única manera de asegurarnos de que haya una masa crítica de profesionales del cine es dejándoles en claro que hay dinero para que hagan sus locuras artísticas (y no siempre lo mismo y lo mismo y lo mismo).  Y eso se logra de dos maneras.  Uno, creando los incentivos para que produzcan material que haga dinero (el Conacine actual no lo está haciendo, como ya lo hemos visto, pero que tranquilamente podría hacer).  Dos, asegurandonos que Conacine se pueda mantener por su cuenta, sin tener que ir una vez al año al Ejecutivo de rodillas a pedirle que siga girando el cheque.  Y eso tampoco se está haciendo, como decía al comienzo de este post.  Porque el dinero que entrega Conacine al que gana un concurso es un regalo.  Él no lo tiene que devolver en lo más mínimo. ¿Por qué en vez de eso no se ofrece como préstamo, como se hace en otros países? Así con el dinero que van devolviendo los proyectos cinematográficos se hace crecer el fondo con el que se cuenta y se puede financiar cada vez a más películas. ¿No era eso lo que queríamos?

Pero eso sería demasiado revolucionario. ¿Qué tal este cambio chiquito? Como un fondo que había en Suecia te ofrecía una ayuda para que hagas una película una-sola-vez-en-tu-vida.  Después de eso, si con esa ayudadita que te daba el Estado no podías levantar prestigio o fondos para que la segunda película te la pague alguien más, es porque estás mal.  Esto último creo que sería bien interesante probar en el Perú.  Después de todo, si uno ve la lista de los que presenta proyectos a los concursos de Conacine, hay nombres que se repiten y se repiten.  Ya, pues.  Necesitamos cineastas más jóvenes con nuevos rollos más de acorde a la nueva realidad en la que vivimos.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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