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Currently reading (27): El camino de los Aegeti

Publicado: 2011-05-13

El año pasado Jeremy Torres (24 años) publicó con Editorial Casatomada su primera novela, El camino de los Aegeti.  Narrada en primera persona, como suele ser el caso de las primeras obras de los jóvenes escritores, cuenta la historia de Julian Spiegel, un joven limeño de clase media alta que recientemente ha descubierto que tiene poderes sobrenaturales y en secreto está siendo entrenado para usarlos por una serie de personajes inexplicables.

El camino de los Aegeti contiene varias historias en distintos niveles, ninguna de las cuales llega a ser completa.  Esto no quiere decir que sea un mal libro, sino que pudo haber sido mucho mejor.  Por un lado tenemos la historia fantástica de Julian aprendiendo a usar sus poderes y enfrentándose a una especie de demonios a los que el texto llama doppelgangers.  Estas secuencias en sí mismas ya son una historia completa con una tonalidad específica.  Son imaginativas y su narración bastante pegada a las imágenes de batallas en series de anime, con sus frases y sus reflexiones.  En estas partes de la novela hay un proceso de aprendizaje para Julian que, como digo, en sí mismo podría haber sido una historia interesante si se le hubiese dado mayor atención.

No obstante, en el medio ahí metido está también la historia del romance de Julian e Isabela, una chica también de clase media con su propio rollo.  Esta historia transcurre con una serie de códigos y reglas distintas a las de la historia fantástica de la lucha entre Julian y los doppelgangers.  Esta historia es mucho más arbitraria y mucho más casual.  Esta historia funcionaría dentro del género del romance costumbrista o como sea que se llame ese estilo.  Pero los códigos dentro de los cuales se mueve esta historia son incompatibles hasta cierto punto con una historia fantástica de aventuras, básicamente porque en el romance todo cuadra.  Todo es como debería ser para que éste sea un romance eterno o épico (y el género de la aventura es pura casuística.  Nuevamente, esta historia en sí misma habría podido ser mucho más interesante si hubiera recibido mayor atención dentro de la novela.  Incluso podría haber sido una buena historia de amor entre un joven que descubre que tiene poderes sobrenaturales y una joven rebelde que lo acompaña en el proceso.  Lamentablemente por momentos el libro se queda enfrascado en la relación entre Julian e Isabela, al punto que cuando comienza de nuevo la acción sobrenatural descuadra, pero no en un buen sentido.

Por encima de estas dos historias hay una trama política y militar.  Dos países ficticios construidos sobre la base de Perú, Bolivia y Venezuela están entrando en guerra.  Aquí sí que Jeremy tiene problemas.  Mientras que la narración de las dos dimensiones anteriores de la novela (la fantástica y la romántica) son buenas, con el problema de que tienen que competir con las demás dimensiones, la narración de la trama política es algo simple.  Quizás un poco infantil u orientado a un público infantil, lo que nuevamente entra en colisión con una de las dos dimensiones anteriores: la del romance entre Julian e Isabela, la cual tiene elementos claramente adolescentes o adultos.  Si este conflicto entre dos países era solamente el contexto dentro del cual se daría la historia principal -cualquiera que ésta haya sido-, no debería de haber sido narrada con tanto detalle y tanto diálogo, los cuales por último no terminan de proyectar un conflicto al nivel de complejidad de un conflicto internacional real.  Haberlo dejado solamente como contexto no tiene nada de malo.

Como si todo esto no fuera suficiente, hay una dimensión adicional que por momentos captura el foco.  Se trata de la narración de corte costumbrista acerca de cómo es la sociedad limeña.  Claro, esto es contado desde la perspectiva del narrador imaginario, el mismo Julian Spiegel.  Ésta por momentos puede ser demasiado inocente, entrando a tratar temas sociales sofisticados de manera algo superficial.  Definitivamente aquí no está el fuerte de El camino de los Aegeti, aunque el estilo con el cual son narradas es realmente bueno.  Chequeen, por ejemplo, este párrafo:

Manejaba el Mini Cooper del 75 por las iluminadas y congestionadas calles que tranforman todo lo que está cerca de la Javier Prado en un laberinto, los taxistas y conductores de combis se peleaban por ganar pasajeros, el sonido de las bocinas solo podía ser superado por los gritos y reclamos de los típicos enemigos de todos.

De hecho, una de las razones por las cuales seguí leyendo este libro hasta el final a pesar de los problemas de compatibilidad entre las historias que se están contando es precisamente el estilo de Jeremy.  Por momentos es excelente y resulta interesante.  Cambia segun la situación que se está describiendo y contiene expresiones originales.

Finalmente, hay un nivel más que me parece que vale la pena mencionar, porque puede resultar quizás la historia más novedosa dentro de la novela, a pesar de ser la que menos espacio recibe.  Se trata del contexto fantástico en el cual se desarolla la aventura de Julian.  Alrededor de él hay seres sobrenaturales e imposibles que discuten entre ellos, cada uno de los cuales tiene un background propio.  La interrelación entre estos es bastante curiosa y original.  Si de algo me quedé con ganas al final de este libro corto es de saber más de estos personajes.

No llegaría a recomendar este libro a nadie que no sea un aficionado a la literatura de fantasía o que sea otaku.  El camino de los Aegeti está casi casi cuajado, pero le falta algo.  Estoy seguro que la siguiente obra de Jeremy podrá conciliar los distintos estilos que ha querido hacer convivir en este libro y que no terminan de funcionar bien juntos.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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