Yo me quedo en casa

Para qué la libertad de prensa (1): A la democracia y más allá

Publicado: 2011-10-25

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Si algo me queda claro de las ponencias a las que fui de la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa que hubo en Lima hace un par de semanas es que la evolución por la que está pasando la prensa (con la incorporación de los elementos digitales) es algo sobre lo cual aun no hay consenso.  Y que hay mucho aún por discutir al respecto y de definir.  Pero si algo queda claro es que la prensa es más importante que nunca en el nuevo contexto político regional.

Habló Carlos Mesa, por ejemplo, el ex-presidente de Bolivia.  Y si bien uno puede estar en desacuerdo con él en muchas cosas, dijo un par de asuntos que me parecieron interesantes.  Comentó acerca de la situación por la que está pasando América Latina, en la que algunos países comienzan a evidenciar grupos que acceden al poder de manera democráticamente legítima, pero que una vez que están ahí, proceden de manera anti-democrática y alteran las reglas del juego para perdurar en el poder, pero dentro del marco de procesos democráticos.  Hablemos, por ejemplo, de Venezuela en donde por medios judiciales se le impide a un candidato poder postular a la presidencia o de Ecuador en donde se le mete juicio a periodistas incómodos.  Ninguno de los dos presidentes accedió al poder ilegítimamente y de hecho ninguno de los dos es particularmente impopular.  Pero una vez ahí tienen que arremeter contra ciertas instituciones para perdurar y para poder hacer lo que quieren.  A los peruanos que vivimos los años noventa en el Perú no nos tienen que contar la historia, nos la conocemos bastante bien.

Pues bien, estos regímenes tienen dos particularidades que hacen que la prensa les sea una amenaza.  Primero, son populares.  Tienen apoyo del pueblo.  Y eso no es gratuito.  Eso es porque se invierte esfuerzo en ello.  No voy a decir que son gobiernos populistas, pero mantienen una afinidad con las demandas de la gente que les permite gozar de cierto apoyo.  Segundo, apelan a discursos vacíos para justificar acciones.  Mesa citó el "pagar la deuda social", pero bien podemos mencionar el "luchar contra la pobreza" (pero oponerte a las maneras convencionales de medirla), la inclusión social (pero no decir cómo la vas a medir), la protección del medio ambiente, etc.  Esta jugada de marcar como objetivo algo nebuloso que no es cuantificable no es nada nuevo y viene del siglo pasado.

En ambos casos, la prensa definitivamente es una molestia cuestionando y pidiendo explicaciones.  La buena prensa, claro.  Por eso tiene sentido para estos dirigentes hacer lo que se pueda para controlarla.  Al respecto tienen dos opciones.  Una es la del caballazo: Meter juicio, mandar desaparecer, expropiar, etc.  La otra es la más caleta: La de ir tejiendo alianzas y compromisos poco a poco con los que manejan los medios para que no se metan contigo.  Es un trabajo mucho más de hormiga, pero no sería sin precedentes.  Aquí en el Perú en los años noventa también vimos un proceso que iba en esa dirección.

A esto hay que añadirle que las empresas mediáticas aún no tienen claro qué van a hacer con respecto a la nueva variable digital.  En ese contexto es fácil que, como dice Aidan White, los empresarios mediáticos olviden cuál es la misión del periodismo y simplemente se enfoquen en sobrevivir.  Sobre todo si consideramos que en el Perú que políticos le metan juicio a quienes reportan asuntos incómodos no es muy extraño tampoco.  De hecho, tenemos varios casos para citar.  Hay que estar atento a eso.  Y a otros muchos detalles.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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