Vio y escuchó lo que otros no

Acerca de la promoción del cine (14): El aftermatch

Publicado: 2011-11-08

http://aaronpocock.wordpress.com

La semana pasada escribí este post, en el que criticaba la intervención de la ministra al demandar que las salas de exhibición repusieran la película peruana Las malas intenciones en un horario más accesible.  Es el post que más comentarios ha recibido en mucho tiempo y que incluso ha tenido rebote, porque ha sido retomado en otros lados.  Así que pensé que sería bueno aclarar algunos puntos que me parece que no quedaban claros y que la verdad en ese momento no pensé que fuese necesario atender tanto, porque no eran el tema central del texto.

Pero en fin, aquí vamos.

Las salas "nunca le dieron la oportunidad" a Las malas intenciones. Lo cual es, por supuesto, mentira.  Si uno se toma la molestia de ir a los archivos, podrá encontrar que el reclamo de la ministra es en la segunda semana de exhibición de la película.  Si se remontan a la cartelera del 13 de octubre, podrán ver que para esa semana Las malas intenciones estaba en el Cinemark del Jockey Plaza (por tomar un cine representativo, pero en el enlace pueden ver los horarios de todos los demás) en los siguientes horarios: 3.20 pm, 5.40 pm, 8.20 pm y 10.45 pm.  En el Cineplanet del Alcázar estaba en los siguientes horarios: 3.40 pm, 6.00 pm, 8.20 pm y 10.50 pm.  O sea, en más horarios no la podían poner.  El problema viene en la segunda semana, cuando sacan a la película a otros horarios, para hacerle sitio a otros filmes.  Es decir, es mentira que no le dieran la oportunidad.  Se la dieron, poca gente fue a verla y la sacaron.  Como siempre pasa con todas las películas, independientemente de en dónde fueron hechas.

La semana del problema, si ven la cartelera del jueves 20 de octubre, podrán constatar que en el Cinemark del Jockey Las malas intenciones estaba en un solo horario: 2.20 pm.  En el Cineplanet del Alcázar estaba a las 4.45 pm.  Si fuese una película con demanda verdadera, no habría sido movida en ambas cadenas.  El tema de fondo es que se trata de una película que no le interesa al público en general.  Y eso no es casualidad.

Todo el razonamiento es falso porque no hay boom del teatro peruano.  Como uno de los muchos argumentos que usé en el post anterior, mencioné que el teatro peruano estaba pasando por un boom y que eso había sido posible sin esta clase de intervenciones de ministros o de algo comparable al Conacine.  Está bien, acepto que quizás "boom" no sea la palabra adecuada, pero el teatro peruano atrae a más espectadores, está concentrando más demanda y está generando más obras.  Definitivamente hay un crecimiento.  Negar esto es ponerse necio.

En este texto en el que la dramaturga Mariana De Althaus responde a mi post, ella dice que estoy equivocado... porque las obras que se ponen están escritas por otros autores que no son peruanos.  Son "textos extranjeros que ya tuvieron éxito afuera".  Esto último es cierto... pero no invalida mi argumento.  Ok, el siguiente paso entonces es comenzar a tomar más obras escritas aquí, supongo.  Pero eso no invalida que haya más público que vaya a las obras, que haya más salas, que haya más obras.  Yo nunca dije que ya no haya terreno para avanzar.  Ella misma lo acepta en el segundo párrafo: "Sí, hay un gran avance, hay más oportunidades para los que hacemos teatro".  Listo, eso es otro lo que yo decía.  Y eso ha sido posible sin ministros metiéndose a obligarnos a ver tal o cual obra.

Las cuotas de pantalla salvarán al cine nacional.  Éste era todo el punto de mi post anterior y que es retomado por los amigos de Blawyer.  La verdad es que hay hartos mitos alrededor de esta vaina.  Primero, insisto en que esto ya se hizo en el Perú y no tuvo resultado.  Nadie va a recordar una película peruana de los setenta así, no más, sin consultar un registro.  Y eso no es casualidad.  Ésa no es la manera de promover cine nacional.  Segundo, no todos los países promueven su cine de esa manera.  Obligándonos a ver sus películas no llegamos muy lejos.  En posts anteriores cito varios ejemplos.  Tercero, el glorioso ejemplo que me citan repetidamente en los comentarios al post anterior es Argentina.  Y como por ahí alguien documenta (pone enlaces incluso), la cuota argentina está sujeta a una audiencia.  Si la película argentina no es vista por un número de personas mínimo, se le permite a la sala moverla a horarios menos convenientes.

Y resulta que por esta vaina ya había pasado Las malas intenciones.  En el primer punto de este post lo muestro.  Así que incluso con un sistema de cuotas condicionado (que es como deberías ser) esta película la habría pasado mal.  Nuevamente, aquí el punto es que se trata de un film que no le interesaba al público.  Y eso no es casualidad.

El exhibidor es el que tiene que cargar con el costo de la medida.  Esto nadie lo dice, pero es lo que resulta de la demanda de la ministra.  Cuando se le obliga a las salas a alterar su planeamiento y clavar una película que la gente no está yendo a ver, el que sale perdiendo es el exhibidor, porque es el que está dejando de ganar dinero.  Con esto hay varios problemas.  Si el Estado está decidiendo que quiere intervenir, el Estado es el que debería correr con los costos.  No el agente privado.

Pues bien, como recuerda Caretas en esta nota, alguna vez el Estado tuvo sus propias salas de exhibición. ¿Te molesta que las salas no muestren lo que tú quieres que muestren? Pues pon tus propias salas.  Y a ver si la gente va.  Pero supongo que eso es mucha chamba.  Más fácil es demandar a otros que lo hagan por ti.

El Ministerio de la Cultura tiene que compensar las malas prácticas. ¿Dices que los distribuidores abusan de su posición de dominio? ¿Que obligan a las salas a poner tal o cual película a cambio de que tengan acceso a otra? ¿Y que es evidente? Pues para eso se inventó Indecopi.  Vas a Indecopi y les metes roche.  Ellos investigan en alguna de sus salas o de sus comisiones y deciden por medio de un proceso establecido si eso es cierto o no.

Porque resulta que eso es algo sancionable.  Y resulta también que Indecopi es una de las instituciones del Estado con mayor credibilidad.  Si no podemos confiar en Indecopi, es que poco podemos confiar en un ministerio.  Es más, la ministra Baca no es precisamente la ministra con mayor aprobación.  Así que tengamos claro en qué canasta ponemos nuestros huevos.

Finalmente, no todo es dinero en esta vida.  En el texto que me dedica la dramaturga Mariana De Althaus, ella me recuerda que no todo es negocio.  Desde los primeros posts que escribí sobre este tema hace dos años siempre he insistido en que promover cultura se trata de equilibrio.  Tiene que haber un balance entre el aspecto comercial y el aspecto de autor.  Así que ésta es una aclaración que no tendría que hacerme si se hubiese preocupado de saber a quién le está hablando (de hecho, en mi post anterior insisto en ello).  Y lo peor de todo, es un detalle en el que ella y yo estamos de acuerdo.  De Althaus misma luego pone que el teatro comercial es necesario para sustentar el teatro de autor.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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