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Hay dos agriculturas en ti (5): El límite a la propiedad agrícola

Publicado: 2012-02-02

Otro de esos temas ancestrales que en el Perú reviven cada cierto tiempo.  Se trata del detalle puntual de si debemos poner un límite a la extensión de las tierras agrícolas o no.  Las justificaciones que se plantean son varias: Que hay que evitar que empresas malvadas se apropien de las tierras de los campesinos desvalidos, que hay que proteger una actividad milenaria nacional, etc, etc.  Y bueno, supongo que los objetivos son los adecuados.  En lo que están fallando es en el método.  Y es que hoy en día si no te tecnificas, sales sobrando en agricultura.  Y la agricultura de pequeña escala simplemente no es rentable en esos términos.

La cosa es bien simple.  El mercado de los alimentos es cada vez más competitivo y requiere cada vez más de inversión en tecnología.  Si eres un campesino con una extensión de tierra pequeña que no genera muchos ingresos o apenas ganas para sobrevivir y si te sometes a las leyes del mercado, eventualmente desaparecerás.  Simple y sencillo.  A esta situación tienes tres opciones, simplificando el asunto.

Primero, asociatividad.  Justamente el día de ayer me pasaron este excelente artículo de José Calderón en la revista Agronegocios.  Sobre la base de un viaje que hizo a Brasil para ver cómo es que está organizada la agricultura allá, comenta precisamente cómo campesinos pobres, pero con visión, tuvieron el buen tino de asociarse hace un buen tiempo.  Formar cooperativas que invirtieron en muchas cosas: consultorías agrícolas, laboratorios de pruebas, asesoría legal, mejoramiento de semillas, etc.  De esa manera entre todos asumieron una serie de costos, que de manera conjunta es más eficiente que si cada uno lo asumiera por su cuenta.  Con el tiempo la jugada les rindió fuertemente.

Esto implica, por supuesto, confiar los unos en los otros.  No estafarse mutuamente y entender que en el bienestar de los demás reside el bienestar mío.  Por ejemplo, piensen en el control de plagas.  Fernando Cillóniz ha insistido en este tema en el Perú mucho.  No importa si tú te matas al bicho alternando cultivos y cuidado las áreas para asegurarte de eliminar un plaga en especial en tu propiedad, si al costado tienen a un campesino al que el control de plagas le vale madres.  La colaboración en un valle es crucial y esto es algo que en el Perú no termina de consolidarse, aunque sí hay ejemplos exitosos.

El que siempre se cita es el del café.  Pero no es el único.  Hay algunas cooperativas que sí colaboran exitosamente y funcionan.  Pero es algo que hay que promover más y que implica manchas del Ministerio de Agricultura yendo a los valles a promoverlas, a ayudar a que se establezcan, etc.  Pero nuevamente, eso es mucha chamba, supongo.  Mucho más fácil es prohibir que no se pueda crecer y punto.  Se acabó la discusión.

Pero ojo que cuando hablamos de que los pequeños agricultores se unan y colaboren no necesariamente estamos hablando de cooperativas.  En este enlace de Mass.pe se comentan las otras opciones y cuáles son sus ventajas y sus desventajes.

Segundo, que se deje comprar.  Eso es lo que queremos evitar, ¿no es cierto? Qué horror que el campesino ancestral milenario peruano termine trabajando para una empresa desalmada explotadora miserable -dado que vende su tierra- y que las encomiendas y el virreinato y todo eso.  Con respecto a esto hay que considerar un par de detalles.  Primero que hay zonas del Perú en donde las agroindustriales se cachetean por conseguir personal, porque han crecido tanto -consecuencia de haber invertido adecuadamente y de haber aplicado la tecnología correcta-, que lo que les falta es gente para que trabaje con ellos.  Por eso algunas están dispuestas de ir a otras regiones y ofrecer trabajos temporales a gente que quiera trasladarse a otro lado solamente durante la cosecha, por ejemplo.  Los transportan en sus buses, los hospedan en sus instalaciones, los mantienen y después los regresan.  Y yo sé que la respuesta a esto es que están mal pagados, pero la verdad es que no lo es tanto.  Sí, seguramente en Ica hubo el caso de una señora a la que le pagaban en peines.  Pero ése no es el caso usual.

Y segundo, lo que nos debería preocupar es el bienestar del campesino en particular.  Está bien, hay criterios históricos tradicionales por los que tenemos que velar.  Pero no deberían ser criterios inflexibles.  Aquí de nuevo vemos la cultura del NO-HAY-FORMA, tan popular entre nuestros políticos de izquierda.  Que haya un costo cualquiera ya es suficiente para bloquear algo.  Quizás vendiendo su tierra o entregándola en concesión a una empresa por un tiempo definido (¿eso no es una opción, tampoco?) está mejor que con su agricultura de subsistencia.  No digo que lo sea, pero es una opción.  Lamentablemente, como lo comenta el IPE, la discusión se está dando de manera política y emocional.  Y éste es un tema técnico y preciso.

Tercero, prohíbase, se acabó la discusión.  Como lo comenta RespetoxRespeto, el objetivo de buscar un equilibrio entre la grande agroindustria exportadora y la agricultura de subsistencia puede ser loable, pero el medio que se ha buscado es pésimo.  La economía peruana actualmente se rige por principios de mercado y si el Estado va a intervenir es porque hay una falla de mercado.  Si el Estado va a intervenir (en este caso, el Ministerio de Agricultura con su propuesta de ley), tenemos que asegurarnos de que lo haga sin causar más daño que el beneficio que genera.  Y de eso nadie está seguro aquí porque no se ha hecho un estudio al respecto.  Por lo pronto, el costo que genera al intervenir son por lo menos dos: Un desincentivo a invertir en agricultura (¿para qué, si va a haber un límite a cuánto éxito puedo tener?) y un incentivo para más políticas subvencionistas.

Digo más, porque el actual gobierno ya arrancó en la carrera de otorgamientos a los campesinos de distintas áreas, porque no se pueden enfrentar al mercado.  Y como hacer la reformas necesarias para que puedan salir adelante por su cuenta es mucha chamba, se recurre a los viejos conocidos que rara vez dan resultados.  Por ejemplo, Agrobanco otorgando créditos a tasas preferenciales y con condiciones por debajo de las del mercado. ¿Para qué preocuparse en poder funcionar en circunstancias normales, si el Estado no solamente te da créditos más baratos, sino además te va a terminar perdonando la deuda -como suele ser el caso-? O subvencionar la producción de los arroceros.  O regalar lampas.  Etc, etc.  Cuando se trata de ser populista, el cielo es el límite.

Pero cuando se trata de promover competitividad y mayores márgenes respetando las leyes del mercado... Eso es mucha chamba.

(Dibujito de arriba: http://megpark.blogspot.com/)


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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