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El circo parlamentario (25): Y ahora, casos que dan vergüenza ajena

Publicado: 2013-02-28

No sé cuánta gente estará leyendo estos posts que estoy escribiendo sobre la incompetencia de los congresistas para presentar proyectos de ley como se supone que deberían hacerlo.  Todo empezó con este post con la explicación de qué es un análisis costo beneficio y por qué todos los proyectos de ley que se presentan en el Congreso debería estar acompañado de uno.  En este post hay tres ejemplos de congresistas que no lo hacen y que deberían hacerlo.  En este otro post hay otros tres ejemplos.  Ahora seguiré con tres más.  Los que tocan en orden alfabético.

Antes hay que aclarar que hacer un análisis costo beneficio es costoso en sí mismo.  No obstante, como lo explica este artículo de CATO, ése es el costo de legislar.  O mejor dicho, de hacerlo bien.  Pues bien, como comentaba en el post anterior, quizás la idea no sea que los congresistas mismos sepan cómo se hace esta vaina, que puede ser un procedimiento técnico algo complejo.  Pero que tienen que saber de qué se trata y su importancia debería estar fuera de toda duda.  Y la mejor evidencia de que nuestros congresistas no saben en dónde están parados con respecto a este tema es que confunden el término gasto con el término costo.

Sí, ya sé que suena a un detalle harto nerd.  Pero si te han elegido para legislar, es importante.  Gasto es el desembolso mismo de dinero que haces porque estás consumiendo algo.  Digamos, el alquiler de tu casa o la cuenta de teléfono.  Pero el concepto del costo es mucho más amplio.  Se refiere a todo lo que se pierde cuando pasa algo.  Por ejemplo, si se cierra la Javier Prado por una obra, habrá un embotellamiento y mucha gente se demorará más en llegar a su trabajo.  Esa pérdida de tiempo es un costo.

Así que pasemos a los ejemplos.  Aquí los siguientes tres congresistas en la lista.

Fernando Andrade, de Alianza Parlamentaria.  Curiosamente no tiene proyectos presentados por él.  Pero eso no es excusa.  Eso es como no asistir al examen bajo la excusa de que se siente mal del estómago.

Roberto Angulo, nacionalista.  Ha estampado su nombre a 18 normas para la legislatura 2012-2013.  Una que ha presentado él es el Proyecto de ley que declara de necesidad pública y de preferente interés nacional la adquisición de un satélite para su implementación en el centro nacional de operaciones de imágenes satelitales del Perú.  El texto está en este enlace.  El análisis costo beneficio está en la página 7.

Antes de seguir detengámonos un instante para respirar y tomar nota que se trata de una iniciativa para promover la ADQUISICIÓN de un satélite.  Si buscamos en la Real Academia Española encontraremos que "adquirir" está definido como 1. tr. Ganar, conseguir con el propio trabajo o industria. 2. tr. comprar (‖ con dinero). 3. tr. Coger, lograr o conseguir. 4. tr. Der. Hacer propio un derecho o cosa que a nadie pertenece, o se transmite a título lucrativo u oneroso, o por prescripción.  Las cuatro acepciones implican el uso de recurso de algún tipo.  O sea, ¡si hablas de "adquirir un satélite" -por lo menos en este caso- tienes que aceptar que tu iniciativa le costará algo al pueblo peruano!

Pues no.  El congresista Roberto Angulo no opina esto.  Verán.

1. Confunde gasto con costo.  Solamente menciona que su iniciativa no genera gastos y que traerá beneficios.  De hecho, se manda a enumerar los beneficios que supuestamente traerá.  Pero no hace un listado de los costos.  Una pena.

2. Pero aquí lo más ridículo: Niega que la adquisición del satélite vaya a costarle algo a alguien.  Dice que no es un costo, porque sale de un presupuesto que ya está planificado.  Congresista Angulo, eso no importa.  Lo que importa es que para comprar tu satélite alguien en alguna parte del Estado tendrá que dejar de hacer otra cosa. ¿O es que va a recibir de donación un satelitito ruso? No.  "Adquirir un satélite" cuesta.  Como siempre que se *adquiere* algo.

Por esto, el congresista Angulo sale jalado.  Con roche.  Digamos, cero cinco.

Elsa Anicama, nacionalista.  Ella ha estampado su nombre a 11 normas para esa legislatura.  Buscando una que ella haya presentado como suya, encontré el hilarante Proyecto de ley que incluye como fin de la educación, la educación para el trabajo y el desarrollo.  Porque, ustedes saben, hasta antes de que llegara la congresista Anicama el fin de la educación era cualquiera menos conseguir un buen trabajo o desarrollarte como persona. ¿No es cierto? El texto de esta iniciativa está en este enlace.  El análisis costo beneficio está en la penúltima página, luego de que nos recuerden lo importante que es la educación para conseguir un buen trabajo.  Por si no te habías dado cuenta.

1. Confunde gasto con costo.  Dice que no se genera gasto alguno, no se menciona costo y el beneficio descrito sería incalculable.  Eh... Congresista Anicana.  No sé si le han pasado el dato, pero "incalculable" no es sinónimo de "infinito" o de "inmenso".  Incalculable quiere decir que no se puede calcular.  Como, por ejemplo, cuando uno de los componentes de tu ecuación es la raíz cuadrada de menos uno.  Aunque no, porque incluso eso se puede calcular siguiendo ciertas reglas.  Y el beneficio del que está hablando, le cuento, está descrito en la exposición de los motivos para el proyecto de ley.  Usted sabe, ¿esa parte que usted misma ha escrito? ¿La que está páguinas antes del análisis costo beneficio?

2. Pero peor aún es que está equivocada.  No solo en el sentido en el que los beneficios sí se pueden estimar, sino además que para poder cumplir con la ley hay que aplicar un montón de recursos. ¿Está bromeando? Enseñarle a los docentes a que incorporen los elementos descritos en el proyecto de ley a la forma como enseñan es costosísimo, como el Ministerio de Educación que lucha con enseñarles las capitales de los países con los que tenemos frontera pueden constatar.  Recuerden, estamos hablando de un grupo de profesores que con suerte saben escribir sin faltas de ortografía los paneles para sus protestas con las que bloquean las reformas de la carrera docente.

Por supuesto, no estoy hablando de todos.  Hay docentes que sobresalen por hacer milagros con los pocos recursos que el Ministerio pone a su disposición y con el escuadrón de la muerte del sindicato que ya sabemos marchando a su costado y amenazando a los docentes que no marchan con ellos.  Pero para que se pueda decir que el proyecto de ley de la congresista Anicama se cumpla, se va a tener que gasta un montón de plata.  Estamos hablando de capacitaciones, de edición de materiales, de impresión de esos materiales, de diseñar clases de manera distitna, etc, etc.  Es una chambaza. ¿Y me va a decir que no genera gasto alguno? No, lo siento.  Hay que decirlo: Esta congresista está en la luna.  Así que también sale jalada.  Con roche.

(Dibujito de arriba: http://peterdeseve.blogspot.com)


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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