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La verdadera solución al caos (11): Más sobre un espacio para convenciones y ferias

Publicado: 2012-09-20

La semana pasada escribí un post sobre la necesidad que tiene Lima de tener un espacio designado para eventos como el Mistura o la Feria Internacional del Libro.  La idea central que intentaba desarrollar es que la ciudad pierde mucho del hecho de que no tenga un gran centro de convenciones como sí tienen otras ciudades.  Y que eso a nivel privado no necesariamente es rentable, por lo que tendría sentido que lo haga la municipalidad de Lima.

Como a veces pasa, hablar de pajaritos puede llevar a cuestionamientos sobre teorías de aerodinámica.  Básicamente eso pasó con este post, que llevó a que por Twitter y por Facebook (y en los mismos comentarios al post) terminemos discutiendo temas relacionados.  Así que para no dejar esto en el aire, aquí un segundo post con algunas aclaraciones.

No hay lugar para hacer algo así.  Tengan en cuenta que solamente funciona si se trata de un local inmenso y de esos espacios ya no hay muchos.  Si tienen algún pariente que trabaja en el sector construcción podrán confirmar cómo cada vez es más difícil conseguir terrenos para proyectos inmobiliarios, lo que a su vez es un fenómeno de las reglas de oferta y demanda, no de una malvada jugada secreta por parte de intereses misteriosos, como a veces me sugieren.  La cosa es simple: La oferta es prácticamente siempre la misma y la demanda es cada vez mayor.  Por ley de oferta y demanda, el precio se mueve para arriba.  Tan simple como eso.

En todo caso, hay opciones, pero serían complicadas adquirirlas.

Pensemos en un espacio dentro del Hipódromo de Monterrico, que es donde de todas maneras se está llevando a cabo varios eventos.  En su defecto podría tomarse la Base Aérea de Las Palmas, que es tan grande que además podría tener un parque, un sitio de conciertos y otras cosas.  Podría ser el colegio Alfonso Ugarte, que de todas maneras va contra las recomendaciones de que deberíamos tener muchos colegios públicos pequeños, en vez de unos cuantos grandes emblemáticos.

Hay o no excusa para que el Estado intervenga.  A veces tiene sentido que el Estado intervenga para solucionar una falla de mercado, como con el mercado de las telecomunicaciones, en donde interviene con regulación a través de Osiptel.  A veces hay fallas de mercado que se solucionan sin intervención del Estado, como cuando se adelantan a un conflicto negociando entre las partes privadas.  Y a veces hay fallas de mercado que nunca se solucionan.  Hay de todo.  Pero eso no es lo único que justifica la intervención del Estado.

Por supuesto que hay intervenciones que no tienen ningún sentido, como esto de que Petroperú sea obligadamente socio de las concesionarias en el mercado de hidrocarburos... Eso no tiene absolutamente ningún sustento económico y responde a razones políticas.

Lo que tiene que haber es un problema que genera costos a la sociedad y que por intervención del Estado (lo cual también tiene costos), se soluciona ese problema y se genera beneficios que son mayores a los costos de la intervención.  A veces la intervención es mucho más costosa que el problema mismo.  Como por ejemplo, como cuando en el gobierno de Alan se usaba dinero del Estado para fingir que los precios de los combustibles no habían subido, pagando la diferencia entre lo que pagabas tú en un grifo y lo que costaba realmente.  Al final el resultado fue mucho peor, porque por eso (y otras muchas medidas similares) se genero tal desbalance que luego se tuvo que arreglar todo de un golpe con el fujishock.

La definición de externalidad positiva.  En esta discusión que surgió en Facebook me intentan redefinir lo que es una externalidad.  Lamentablemente estos términos ya están definidos en múltiples libros de microeconomía y ponerse en el plan "izquierda peruana" de redefinir términos económicos para que la teoría cuadre con su visión de la realidad como que no funciona muy bien esta vez.

Una externalidad positiva es cuando algo que yo hago (y que me cuesta dinero, tiempo, recursos, lo que sea) tiene un efecto beneficioso para además alguien que no está pagando esos costos.  Simple y sencillo.  Por ejemplo, cuando uno pone una universidad.  Que sea realmente buena es costoso.  Pero si lo haces, hay un beneficio que le generas a la sociedad que no lo gozarás completamente tú, sino que se reparte entre mucha gente: El que estés sacando a la sociedad profesionales que sí saben hacer las cosas. ¿Me explico? Una universidad mala es rentable (ejemplos sobran). Pero una buena, implica un costo adicional que genera un beneficio que no lo terminarás gozando completamente tú.  Por eso mucha gente no incurre en ese costo adicional.

En algunas oportunidades -pero no necesariamente y no exclusivamente- el Estado se mete y compensa al que está incurriendo en ese costo adicional para que haga eso que le genera ese beneficio adicional a la sociedad, porque de otra manera no lo habría hecho.

En la regulación ambiental eso se ve harto. Por ejemplo, cuando el Estado usa un subsidio para promover el uso de gasolina menos contaminante. Hace eso porque el que usa un poco más de dinero para comprar esa gasolina no percibe todos los beneficios de cuidar el medio ambiente. Ese beneficio se divide entre todos y él percibe solamente una pequeña fracción.

Pero también se aplica en asuntos meramente privados. Si pongo una universidad en una esquina y eso incrementa las ventas de una bodega que ya existía en la esquina de al frente, también estoy generando externalidades positivas.  Estoy generando un beneficio a la comunidad de esa zona.

(Dibujito de arriba: http://ushuaiasblog.blogspot.com/)


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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