dialoga en Lima y en Loreto

Acerca de la promoción del cine (13): Y ahora, nueva ley de cine – La venganza

Publicado: 2011-10-27

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Ok, todos estamos indignados porque Las malas intenciones estaba puesta solamente en horarios inaccesibles.  Todos hemos visto la movida mediática que pudieron armar los promotores de la película.  Y no es para menos.  Cuantiosos esfuerzos se han aplicado para que esa película se realice.

Pero sincerémonos.  ¿Cuántas la hemos ido a ver? Y por encima de eso, ¿cuántos realmente la queremos ir a ver? De los que la van a ir a ver al cine, ¿cuántos la quieren ver porque la quieren ver y cuántos la van a ver por alguna otra razón (para decir que la vieron, porque es peruana, porque conocen a alguien involucrado con la película, por el escándalo de estos días, etc, etc)?

Como ya he mencionado varias veces, los peruanos vamos a ver cada vez menos películas peruanas al cine.  Eso responde a una serie de razones y se manifiesta en el hecho de que las cadenas de cines ya no tienen tanto interés en exhibirlas.  Esto es un síntoma, señores.  Molestarse con los cines porque reaccionan a eso es como molestarse con un niño porque estornuda y no proceder a reconocer que estornuda porque está resfriado.  Lo que es peor, arremeter contra las cadenas de cines por esto es, pues, como castigar a un niño por estornudar en vez de llevarlo al doctor.  Los culpables de esto no son solamente las cadenas de cine (aunque tienen parte de la responsabilidad, por supuesto).  Es mucho más complicado que eso.

Oh, yo sé lo que me van a decir.  Las empresas que manejan esas cadenas de cine lo ven todo negocio y que mal, que mal, que mal.  Pues, les tengo noticias para los que no se han enterado: El cine es un negocio.  Lo siento, aunque pataleen.  Aunque lloren.  Que también sea un mecanismo de promoción de cultura, está bien.  Que además sea una forma de promover temas sociales, cierto.  Pero el cine, al final de cuentas, es un negocio.  Cualquier intervención en ese mercado que no reconozca esto está predestinada al fracaso, por más explosiones de aplausos que reciba.

Ahora, cuando leo la carta de la ministra de la cultura a la Asociación de Exhibidores, en la que le exige a las salas que pasen específicamente esta película, me queda una duda: ¿Por qué con Las malas intenciones? Supongo que va a reclamar los mismos derechos para El guachimán, Gringa, Lars y el misterio del portal, las películas hechas en el interior del país (que también se merecen este trato extraordinario), las tres películas peruanas de zombies que están en pre-producción, etc.  De lo contrario podemos acusar a la ministra de favoritismo.  Imagínense a, digamos, un vicepresidente mostrándose a favor de una empresa en, digamos, el caso de una azucarera.  Sería impensable.  Porque supongo que no hace falta explicar que cuando demanda que pongan en mejores horarios a Las malas intenciones, se está quitando de esos horarios a otras películas.

Insisto: Aquí el tema de fondo es que es una película que no le interesa al público peruano.  Lo siento, lo es.  Y no es enteramente culpa de los realizadores de la película o de los exhibidores.  Esto es consecuencia de un sistema que no genera los incentivos para que los realizadores piensen en el público cuando están armando su proyecto.  Las malas intenciones ha ganado el premio de distribución de Conacine.  O sea, esta película está siendo promocionada con dinero de todos los peruanos.  Y los peruanos no la quieren ir a ver. ¿No hay ahí algo que no cuadra?

Yo tengo una teoría: Que en el Perú solamente se promocionan dos tipos de películas.  A. Las que muestran cómo sufrimos los peruanos por la pobreza o por el terrorismo.  B. Las que muestran cómo la clase media alta es un antro en donde todos son drogadictos, violadores o infelices en general.  Conacine, con los criterios que ha manejado para premiar proyectos en las últimas décadas, ha fomentado solamente esos dos tipos de películas.  Hay muy pocas excepciones.  Y quizás eso en su momento pasó piola, pero lamentablemente al público peruano ya no le interesan esos dos temas.  Lo siento. ¿Es la solución obligarnos a verlas, entonces? ¿O mejor es encontrar la manera de hacerlas interesantes, de tal manera que querramos irlas a ver? Nah, eso es demasiada chamba.  Obligados todos.

Y no, no es una vaina de que el cine hollywoodense nos invade y expulsa las expresiones culturales peruanas.  En otros países promover el cine nacional no implicó arremeter contra el cine extranjero.  Una promoción inteligente del cine toma del cine extranjero elementos para incorporarlos al cine nacional.  Eso es lo que pasó en Argentina, Chile, Reino Unido, etc.  Claro, es difícil y es una tarea en proceso.  Pero así es, pues.  Obligando a las salas de cine a pasar el cine que a ti te da la gana que se promocione no vamos a llegar muy lejos.

Consideren esto: El teatro nacional en los últimos años prácticamente se ha revolucionado... sin intervención del Estado.  Eso es porque se ha comenzado a manejar nuevas consideraciones, como por ejemplo, lo que le gusta al público.  Como lo explica en esta entrevista David Carrillo de Plan 9, el publico ha cambiado.  Lo que le tocó a los promotores de obras de teatro fue adaptarse a eso.  Por eso hoy en día hay un boom de teatro en Lima.  Pero además, es un boom sostenible.  No depende del financiamiento del Estado. ¿Por qué no pueden hacer eso los cineastas peruanos?

Fácil: Porque Conacine introduce los incentivos incorrectos.  Un cineasta en Lima para poder sobrevivir tiene que aspirar a ganar alguno de los premios de Conacine.  Y el jurado de Conacine maneja criterios que están a años luz de los criterios que maneja un padre de familia cuando decide a qué película lleva a su hijo el fin de semana.  Eso es una crítica que se le hace a Conacine desde que se implementó.  No han escuchado a la crítica y ahora tenemos las consecuencias. ¿Qué vamos a hacer al respecto? Por supuesto que no afinar criterios.  Eso implicaría corregir el error y así no es como se hacen las cosas en el Perú.  En el Perú pedimos que el Estado intervenga para obligar a los privados a hacer las cosas como nosotros queremos que vayan.

Por eso cuando la ministra anuncia que se viene una ley de cine que observa esta problemática, yo tiemblo.  Sobre todo porque parte del supuesto de que el gremio de artistas siente que sus derechos están siendo violados.  Está bien, por supuesto que el Estado debe intervenir.  Pero debe intervenir con una medida sostenible.  No una de corto plazo.  Obligar a las salas a pasar lo que tu quieres es una medida que no es sostenible.

Además, su aplicación es harto problemática, porque se presta a varios reclamos.  Por ejemplo, ¿por qué Las malas intenciones y no la película de zombies que están filmando en Chosica? ¿Quién decide eso? ¿Los mismos del jurado de Conacine? Estamos fregados, entonces.  La homogeneidad en la temática del cine peruano se traslada a las salas.  Y yo que estaba contento porque pude ver la película belga La Horde (de zombies) en un Cineplanet -en una sala casi vacía, por supuesto, pero ahí estaba-.  Pensé que estábamos avanzando.  Y por supuesto que, como en tantos otros campos, ese avance es aún insuficiente.  Pero ahora viene el Estado a regresarnos a la década de los setenta.

Porque tienen dos opciones: O reconocen que están metiendo la pata o la meten más aún.  Y seguramente lo que van a plantear es volver a las épocas del gobierno militar, cuando se le obligaba a las salas a pasar cine peruano.  Solamente una pregunta: ¿Alguien recuerda una película peruana hecha en ese periodo? Eso no es casualidad.

La solución verdadera pasa por un sistema de becas que envíe peruanos al extranjero a aprender de las industrias que sí funcionan.  No solamente técnicos y artistas, sino también productores.  Pero no, eso es demasiado trabajo.  Más fácil es mandar tu carta obligando a las salas a mostrar la película (en singular) que tú quieres que pasen.  Deberían estar mandando gente a entender el fenómeno del cine como parte de una tendencia mundial.

La solución verdadera también pasa por hacer algo con respecto a la piratería de películas, peruanas y extranjeras. ¿En serio quieren que con nuestro dinero -recursos que se dejan de usar para programas sociales, para construcción de escuelas, etc.- se promocionen películas que no recuperan lo invertido -cuando bien que podrían hacerlo, si se hicieran distinto-, sino que sirven para que el causa del cruce de Vía Expresa y Córpac tenga más material para ofrecerte a cinco soles el DVD? Ése es un ciclo perverso. ¿Contra ellos no va a hacer nada la ministra? Nah, eso sería impopular.  Ellos se están llevando parte de la torta y son parte del problema.  Otros países que se toman en serio la promoción de su industria del cine incorporan la lucha contra la piratería como parte de su estrategia.  Pero eso es en países que quieren plantear sistemas sostenibles.

Voy a serles sincero.  Yo me burlaba de los amigos que estaban preocupados que con el nuevo gobierno regresaríamos al velazquismo.  Resultó que para la promoción de la cultura tenían razón.  Qué pena.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Economía de los mil demonios

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